La República
La República —Avisado eres, TrasÃmaco —le dije—; sabÃas muy bien que si preguntases a uno de qué se compone el número doce, añadiendo: «No me digas que es dos veces seis, tres veces cuatro, seis veces dos, o cuatro veces tres, porque no me contentaré con ninguna de estas vaciedades»; sabÃas, digo, que no podrÃa responder a una pregunta hecha de esta manera. Pero si él te decÃa a su vez: «TrasÃmaco, ¿cómo explicas la prohibición que me impones de no dar ninguna de las respuestas que tú acabas de decir? ¿Y si la verdadera respuesta es una de ésas, quieres que diga otra cosa que la verdad? ¿Cómo entiendes tú esto». ¿Qué podrÃas responderle?
—¿Tiene verdaderamente eso —dijo TrasÃmaco— algo que ver con lo que yo dije?
—Quizá. Pero aun cuando la cosa sea diferente, si aquel a quien se dirige la pregunta juzga que es semejante, ¿crees tú que no responderá según él piense, ya se lo prohibamos nosotros o ya dejemos de prohibÃrselo?
—¿Es esto lo que tú intentas hacer? ¿Vas a darme por respuesta una de las que te prohibà desde luego que me dieras? —preguntó.
—Bien examinado todo, no tendré por qué sorprenderme si lo hago asà —dije.
—Y bien; si te hago ver —dijo él— que hay una respuesta tocante a la justicia mejor que ninguna de las precedentes, ¿a qué te condenas?