La República
La República —¿Yo? Nada de eso —repuse—; pero por favor, explÃcate más claramente.
—¿No sabes que los diferentes Estados son tiránicos, democráticos o aristocráticos?
—Lo sé.
—El gobierno de cada Estado, ¿no es el que tiene la fuerza?
—Sin duda.
—¿No hace leyes cada uno de ellos en ventaja suya, el gobierno del pueblo leyes populares, la tiranÃa leyes tiránicas y asà los demás? Una vez hechas estas leyes, ¿no declaran que la justicia para los gobernados consiste en lo conveniente para ellos? ¿No se castiga a los que las traspasan como culpables de una acción injusta? Aquà tienes mi pensamiento. En cada Estado la justicia no es más que la conveniencia del que tiene la autoridad en sus manos y, por consiguiente, del más fuerte. De donde se sigue, para todo hombre que sabe discurrir, que la justicia y lo que es conveniente al más fuerte en todas partes y siempre es una misma cosa.
—Comprendo ahora lo que quieres decir —dije yo—; pero ¿eso es cierto? Examinémoslo. Defines la justicia como lo que es conveniente, a pesar de que me habÃas a mà prohibido definirla de esa manera. Es cierto que añades: al más fuerte.
—¿Eso no es nada? —dijo.