La República
La República —Yo no sé aún si es una gran cosa; lo que sé es que preciso ver si lo que dices es verdad. Convengo contigo en que la justicia es una cosa provechosa; pero añades que lo es sólo para el más fuerte. He aquà lo que yo ignoro, y lo que es preciso examinar.
—ExamÃnalo, pues —dijo.
XIII.—Desde luego —repliqué—. Respóndeme: ¿no dices que la justicia consiste en obedecer a los que gobiernan?
—SÃ.
—Pero los que gobiernan en los diferentes Estados, ¿pueden engañarse o no?
—Pueden engañarse —dijo.
—Luego cuando hacen las leyes unas estarán bien hechas y otras mal hechas.
—Asà lo creo.
—Es decir, que hacerlas bien será hacerlas convenientes para ellos y hacerlas mal, inconvenientes. O ¿cómo lo concibes?
—AsÃ.
—Sin embargo, los súbditos deben obedecerlas, y en esto consiste la justicia, ¿no es as�
—Sin duda.
—Luego es justo, en tu opinión, hacer, no sólo lo que es conveniente, sino también lo que es inconveniente para el más fuerte.
—¿Qué es lo que dices? —preguntó.