La República
La República —Imposible.
—Luego es una necesidad que el alma mala se haga cargo y gobierne mal; por el contrario, que la que es buena haga bien todas esas cosas.
—Es necesario.
—Pero ¿no estamos de acuerdo en que la justicia es una virtud y la injusticia un vicio del alma?
—SÃ. Nos pusimos de acuerdo en eso.
—Por consiguiente, el alma justa y el hombre justo vivirán bien, y el hombre injusto vivirá mal.[25]
—Asà debe suceder, conforme tú dices —asintió.
—Pero el que vive bien es dichoso; el que vive mal, lo contrario.
—¿Cómo no?
—Luego el justo es dichoso y el injusto desgraciado.
—Sea —dijo.
—Pero no es ventajoso ser desgraciado; lo es, por el contrario, el ser dichoso.
—¿Quién te dice que no?
—Luego jamás, bendito TrasÃmaco, será la injusticia más provechosa que la justicia.
—Rega late con estos discursos, Sócrates, y que éste sea tu festÃn de las Bendidias.