La República
La República —Pero estar ansioso de aprender y ser filósofo —continué—, ¿no es una misma cosa?
—Lo mismo, en efecto —convino.
—¿Podemos decir, pues, con confianza del hombre que, para ser suave con sus familiares y con los que conoce, es preciso que tenga un carácter filosófico ansioso de conocimiento?
—Sea asà —dijo.
—Y, por consiguiente, que un buen guardián del Estado debe tener, además de valor, rapidez y fuerza, filosofÃa.
—Convengo en ello —dijo.
—Tal será el carácter de nuestros guardianes. Pero ¿de qué manera formaremos su espÃritu y su cuerpo? Examinemos antes si esta indagación puede conducirnos al fin de nuestra búsqueda, que es el conocer cómo la justicia y la injusticia nacen en la sociedad, para no despreciar este dato, si puede servir, o para omitirle, si es inútil.
Intervino entonces el hermano de Glaucón:
—Creo que esta indagación contribuirá mucho al descubrimiento de lo que buscamos.
—No dejemos, pues, por Zeus, este examen, mi querido Adimanto, aunque sea operación larga —dije yo.
—No.
—Formemos, pues, a nuestros hombres como si tuviéramos tiempo para narrar cuentos.