La República
La República revolotean dando chillidos, cuando uno de ellos ha caÃdo
de la roca, y se enganchan los unos a los otros,
asà ellas se iban dando gemidos.[7]
Conjuremos a Homero y a los demás poetas a que no lleven a mal que borremos de sus obras estos pasajes y otros semejantes. No es porque no sean muy poéticos y que no halaguen agradablemente el oÃdo público; pero cuanto más bellos son, tanto son más peligrosos para los niños y para los hombres que, destinados a vivir libres, deben preferir la muerte a la servidumbre.
—Tienes razón.
II.—Borremos también estos nombres odiosos y formidables de Cocito, Estigia, Infiernos, Manes y otros semejantes, que hacen temblar a los que los oyen. Quizá tienen su utilidad para otro objeto; pero es de temer que el terror que ellos inspiran enfrÃe y debilite el valor de nuestros guardianes.
—Este temor es muy fundado —dijo.
—¿Los suprimes, pues?
—SÃ.
—Y ¿nos serviremos, lo mismo en la conversación que en poesÃa, de expresiones enteramente contrarias?
—Evidentemente.
—¿Quitaremos igualmente esas lamentaciones y sollozos que se ponen en boca de los grandes hombres?