La República
La República sea de la condición de los artesanos,
sea adivino, sea médico, sea carpintero,[15]
le castigará severamente, como a quien introduce en el Estado lo mismo que en la nave un mal capaz de trastornarle y perderle.
—Este mal indudablemente perderÃa al Estado, si los actos correspondiesen a las palabras —dijo.
—¿No deberemos también desarrollar en nuestros jóvenes la templanza?
—¿Cómo no?
—¿No son los principales efectos de la templanza para la mayorÃa hacernos sumisos para con los que mandan y dueños de nosotros mismos en todo lo relativo a comer y beber y en los placeres amorosos?
—SÃ, asà me lo parece.
—Por lo mismo, aprobaremos el pasaje de Homero en que Diomedes dice:
Amigo, siéntate, guarda silencio y sigue mis consejos.[16]
Y este otro:
Los griegos marchan llenos de ardor y de valor,
en silencio, mostrando su respeto a los jefes,[17]
y todos los demás pasajes semejantes.
—Los aprobaremos.
—¿Diremos lo mismo de estas palabras?:
Borracho, que tienes los ojos de un perro y el corazón de un ciervo,[18]