La República
La República —Por consiguiente, establecerás en nuestra república una medicina y una judicatura que sean como acabamos de decir, y que se limiten al cuidado de los que han recibido de la naturaleza un cuerpo sano y un alma bella. En cuanto a aquellos cuyo cuerpo está mal constituido, se los dejará morir, y se castigará con la muerte a aquellos cuya alma es naturalmente mala e incorregible.
—Es lo más conveniente para ellos y para el Estado —aprobó.
—Es evidente que nuestros jóvenes —continué—, educados en los principios de esta sencilla música que hace nacer en el alma la templanza, obrarán de manera que no tendrán necesidad de los jueces.
—Sin duda —respondio.
—Y el músico, si observa las mismas reglas respecto de la gimnasia, podrá pasarse sin médicos, fuera de los casos de necesidad.
—Asà me parece.
—En los ejercicios del cuerpo se propondrá, empero, sobre todo, aumentar la fuerza moral más bien que el vigor fÃsico, a diferencia de los otros atletas que, fieles observantes de un régimen, sólo se proponen hacerse más robustos.
—Muy bien —dijo él.