La República
La República —¿Y la dulzura no es señal de un carácter filosófico que, si se relaja demasiado, se convierte en excesiva suavidad, pero que si se le cultiva como es debido se convierte en mansedumbre y gentileza?
—Es cierto.
—Pero nosotros queremos que nuestros guardianes reúnan estos dos caracteres.
—SÃ, es necesario.
—Es preciso, pues, buscar el medio de ponerlos en armonÃa.
—Sin duda.
—Porque el acuerdo entre ellos hace al alma a la vez valiente y moderada.
—SÃ.
—Y su desacuerdo la hace cobarde y grosera.
—Desde luego.