La República
La República —Y que entre los ancianos deben escogerse los mejores.
—También.
—Los mejores labradores, ¿no son los más dotados para la agricultura?
—SÃ.
—Puesto que es preciso entonces escoger igualmente por jefes a los mejores guardadores del Estado, escogeremos los que tienen en más alto grado las cualidades de excelentes guardadores.
—SÃ.
—Para esto es preciso que, además de la prudencia y de la energÃa necesaria, tengan mucho celo por el bien público.
—Asà es.
—Pero de ordinario se consagra uno sobre todo a aquello que ama.
—Forzosamente.
—Y amamos sobre todo las cosas cuyos intereses son inseparables de los nuestros, y de cuya desgracia o felicidad estamos persuadidos que depende nuestra felicidad o nuestra desgracia.
—Es cierto —dijo.
—Escojamos, pues, entre todos los guardianes, aquellos que, previo un maduro examen de toda su vida, nos parezcan más dispuestos a procurar el bien público y de ningún modo a lo contrario.