La República
La República VI.—AsÃ, pues, hijo de Aristón, nuestro Estado está por fin formado. Llama a tu hermano, a Polemarco y a todos los que aquà se encuentran. Tratad de descubrir juntos, con el auxilio de alguna antorcha, en qué punto residen la justicia y la injusticia, en qué se diferencia la una de la otra, y a cuál de las dos debe uno atenerse para ser sólidamente dichoso, ya pueda o no evitar las miradas de los hombres y de los dioses.
—En vano intentas comprometernos en esta indagación —dijo Glaucón—; porque tú mismo te has ofrecido a hacerlo, al declararte impÃo si no defendÃas la justicia con todas tus fuerzas.
—Son mis propias palabras las que me recuerdas —repuse yo—. Voy, pues, a hacer lo que he prometido; pero es preciso que me ayudéis.
—Te ayudaremos —replicó.
—Me prometo de este modo encontrar lo que buscamos. Si está bien constituido, nuestro Estado debe ser perfecto.
—Sin duda —replicó.
—Por lo tanto, es claro que nuestro Estado es prudente, valeroso, templado y justo.
—Es evidente.
—Si descubrimos cualquiera de estas cualidades en él, lo que quede será lo que no hayamos descubierto.
—¿Qué, si no?