La República
La República —Si de cuatro cosas buscamos una, por ejemplo, y se nos muestra desde luego, limitaremos a ella nuestras indagaciones; pero si conociésemos de igual modo las tres primeras, conocerÃamos también la cuarta, que serÃa evidentemente la que quedara por encontrar.[4]
—Tienes razón —observó.
—Apliquemos, pues, este método a nuestra indagación, puesto que las virtudes de que se trata son cuatro.
—Apliquémoslo.
—No es difÃcil, en primer lugar, descubrir la prudencia, pero encuentro algo de singular con relación a ella.
—¿Qué? —preguntó.
—La prudencia reina en nuestro Estado, porque el buen consejo reina en él; ¿no es as�
—SÃ.
—No es menos claro que es un tipo de ciencia, este buen consejo, puesto que no es la ignorancia sino la ciencia la que enseña a bien deliberar.
—Eso es claro.
—Pero hay en nuestro Estado ciencias de todas clases.
—Sin duda.
—¿Es debido a la ciencia de los constructores el que el Estado sea prudente y sabio en sus consejos?
—Por ese saber no se la llamarÃa asÃ, sino hábil en las construcciones —dijo.