La República
La República —Digo —respond× que ha mucho tiempo que hablamos de nuestro asunto sin fijar nuestra atención en que es de él de lo que hablamos.
—Largo es ese exordio —apremió— para las ganas que tengo de escuchar.
X.—Pues bien, escucha y ve si tengo razón —dije—. Lo que estatuimos al principio, cuando fundamos nuestro Estado, como un deber universal e indispensable, es la justicia misma o, por lo menos, algo que se le parece. Dijimos y hemos repetido muchas veces, si te acuerdas, que cada ciudadano no debe tener más que un oficio, aquel para el que desde su nacimiento ha descubierto mejores disposiciones.
—Eso es lo que dijimos, en efecto.
—Pero hemos oÃdo decir a otros, y nosotros mismos lo hemos repetido muchas veces, que la justicia consiste en ocuparse únicamente en sus negocios sin afanarse en mil actividades.
—Asà lo hemos dicho.[8]
—Entonces, mi querido amigo —dije—, me parece que la justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene obligación de hacer. ¿Sabes lo que me induce a creerlo?
—No; dilo —repuso.