La República
La República —Porque se me figura —dije— que se cae muchas veces en la disputa sin quererlo, y que cuando se cree discutir no se hace más que disputar. Esto procede de que por no distinguir los diferentes sentidos de una proposición, se deducen contradicciones aparentes, tomando aquéllos a la letra, y de aquà la disputa; cuando lo que se debe hacer es ilustrarse interrogándose mutuamente.
—Ése es ciertamente —dijo— un desliz en que incurren muchos; pero ¿afecta en algo a la presente cuestión?
—De lleno, y corremos el riesgo de vernos arrastrados a la disputa, a pesar nuestro —dije.
—¿Cómo as�
—Porque, obrando como verdaderos disputadores, nos ceñimos a la letra de esta proposición: que las funciones deben ser diferentes según la diversidad de naturalezas; cuando no hemos examinado aún en qué consiste esta diversidad, ni lo que tuvimos en cuenta cuando decidimos que las mismas naturalezas debÃan tener los mismos oficios, y las naturalezas diferentes, oficios diferentes.
—Es cierto —dijo—; aún no hemos examinado este punto.