La República
La República —¡Cómo has caÃdo de repente sobre mi discurso sin dejarme respirar después de tantas divagaciones! Quizá no sabes que después de haber escapado, no sin dificultad, de dos oleadas furiosas, tú me expones a una tercera mucho más grande y terrible. Cuando la hayas visto y hayas oÃdo su ruido, no extrañarás mi terror y todos los rodeos que he tomado antes de abordar una proposición tan extraña.
—Cuantos más pretextos alegues —dijo—, tanto más te estrecharemos para que nos expliques cómo es posible realizar tu Estado; habla, pues, y no nos tengas más en espera.
—Sea asà —dije—. Es bueno, por de pronto, recordaros que lo que nos ha conducido hasta aquà es la indagación de la naturaleza de la justicia y de la injusticia.
—Sin duda; pero ¿a qué viene eso? —preguntó.
—A nada; pero cuando hayamos descubierto la naturaleza de la justicia, ¿exigiremos del hombre justo que no se separe nada de la justicia y que se mantenga en perfecta armonÃa con ella, o bastará que se aproxime a ella en cuanto es posible y que reproduzca un mayor número de rasgos de la misma que el resto de los hombres?
—Eso nos bastará —replicó.