La República
La República —Por tanto —dije—, cuando indagábamos cuál era la esencia de la justicia y cómo debÃa ser el hombre justo, suponiendo que existÃa, y cuáles la injusticia y el hombre injusto, nos proponÃamos nada más que encontrar modelos, fijar nuestras miradas en el uno y en el otro, para juzgar la felicidad o desgracia que acompaña a cada uno de ellos, y obligarnos a concluir con relación a nosotros mismos que seremos más o menos dichosos según que nos parezcamos más al uno o al otro; pero nuestro designio nunca ha sido el aprobar que estos modelos puedan existir.
—Verdad dices —admitió.
—¿Crees que un pintor, después de haber pintado el más bello modelo de hombre que pueda verse y de haber dado a cada rasgo la última perfección, serÃa menos hábil porque no le fuera posible probar que la naturaleza puede producir un hombre semejante?
—No, por Zeus —contestó.
—Y nosotros, ¿qué hemos hecho en esta conversación sino trazar el modelo de un Estado perfecto?
—No hemos hecho otra cosa.
—Y lo que hemos dicho, ¿pierde algo si no podemos demostrar que se puede formar un Estado según este modelo?
—No, por cierto —dijo.