La República
La República —Un hombre, pues, que cree en las cosas bellas, pero que no tiene ninguna idea de la belleza en sà misma, ni es capaz de seguir a los que quieran hacérsela conocer, ¿vive en un sueño o despierto? FÃjate. ¿Qué es soñar? ¿No consiste, sea que se duerma, sea que se esté despierto, en tomar la imagen de una cosa por la cosa misma?
—SÃ, eso es lo que yo llamarÃa soñar —dijo.
—Por el contrario, el que cree que hay algo bello en sà y puede contemplar la belleza, sea en sà misma, sea en lo que participa de su esencia, que no confunde dichas cosas participantes con lo bello de lo que participan ni viceversa, ¿vive como en un sueño o en vela?
—Bien en vela —repuso.
—El pensamiento, pues, de éste diremos que es conocimiento de buen conocedor; y el de aquél, en cambio, parecer de quien opina.
—Exacto.
—Pero si este último, que en nuestro juicio juzga en vista de la apariencia y no conoce, se volviese contra nosotros y sostuviese que no decimos la verdad, ¿no tendrÃamos nada que responderle para tranquilizarle y persuadirle suavemente de que se engaña, ocultándole, sin embargo, que no está en su juicio?
—Asà convendrÃa hacerlo —dijo.