La República
La República —Veamos lo que hemos de decirle. ¿Quieres que le interroguemos, asegurándole que, lejos de tenerle envidia por su saber, si es que sabe, tendremos, por el contrario, la mayor satisfacción en oÃr a alguien que tenga conocimiento de algo? Yo le preguntaré: «Dime, el que conoce, ¿conoce algo o nada?». Respóndeme por él.
—Respondo que conoce algo —dijo.
—¿Que existe o que no existe?
—Algo que existe, porque, ¿cómo podrÃa conocer lo que no existe?
—De manera que, sin llevar más adelante nuestras indagaciones, sabemos, a no dudar, que lo que existe absolutamente es absolutamente cognoscible, y lo que de ninguna manera existe, de ninguna manera puede ser conocido.
—Perfectamente.
—Pero si hubiese una cosa que a la vez existiera y no existiera, ¿no ocuparÃa un lugar intermedio entre lo que puramente existe y lo que no existe en absoluto?
—En medio estarÃa.
—Luego, si la ciencia tiene por objeto el ser, y la ignorancia el no-ser, es preciso buscar, respecto a lo que ocupa el medio entre el ser y el no-ser, una manera de conocer que sea intermedia entre la ciencia y la ignorancia, suponiendo que la haya.
—Sin duda.
—¿Sostendremos que hay algo llamado opinión?