La República
La República —Escucha lo que pienso acerca de ellas. En cada facultad no veo ni color, ni figura, ni nada semejante a lo que se encuentra en otras mil cosas de que puedan ayudarse mis ojos para distinguir una facultad de otra. Sólo considero en cada una de ellas su destino y sus efectos, y asà es como las distingo. Llamo facultades idénticas a las que tienen el mismo objeto y producen los mismos efectos, y distintas a las que tienen objetos y efectos diferentes. Y tú, ¿cómo las distingues?
—De la misma manera —dijo.
—Ahora volvamos al punto principal. ¿Colocas tú la ciencia en el número de las facultades o en otra especie de seres?
—La miro como la más poderosa de todas las facultades —dijo.
—Y la opinión, ¿es también una facultad, o bien alguna otra especie de ser?
—De ninguna manera; la opinión no es otra cosa que la facultad que tenemos de opinar.
—Pero tú confesaste antes que la ciencia diferÃa de la opinión.
—Sin duda. ¿Cómo un hombre sensato —dijo— podrÃa confundir lo que es infalible con lo que no lo es?
—Muy bien —dije—. ¿Hemos reconocido que la ciencia y la opinión son dos facultades distintas?
—Distintas.