La República
La República —¿Qué quieres que haga en medio de tantos aduladores —dije yo—, sobre todo si ha nacido en un Estado poderoso, si es rico, de distinguido nacimiento, hermoso de cara y de ventajosa talla? ¿No alimentará las más locas esperanzas, hasta imaginarse que tiene todo el talento necesario para gobernar a los griegos y a los bárbaros, exaltándose a sà mismo, henchido de orgullo y arrogancia asà como de huera y loca vanidad?
—Sin duda —dijo.
—Si mientras se encuentra en tal disposición de espÃritu, alguno, aproximándose a él con dulzura, se atreviese a hacerle oÃr la verdad, diciéndole que le falta la razón y que tiene gran necesidad de ella para gobernarse, pero que no se adquiere sino a precio de mayores esfuerzos, ¿crees tú que en medio de tan halagüeñas ilusiones preste con gusto oÃdos a semejante discurso?
—Muy lejos de eso —dijo.