La República
La República —Mira ahora —prosegu× lo que naturalmente debe suceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de su ignorancia. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un trabajo increÃble; la luz le ofenderá a los ojos, y el alucinamiento que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veÃa antes. ¿Qué crees que responderÃa si se le dijese que hasta entonces sólo habÃa visto fantasmas y que ahora tenÃa delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no estará él mismo persuadido de que lo que veÃa antes era más real que lo que ahora se le muestra?
—Mucho más —dijo.
II.—Y si se le obligase a mirar la luz misma, ¿no sentirÃa dolor en los ojos? ¿No volverÃa la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creerÃa hallar en éstas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
—Asà es —dijo.