La República
La República —Por todas estas razones no debemos despreciarla y sà dedicar a ella a los que nazcan con un excelente natural.
—Consiento en ello —dijo.
IX.—Por consiguiente, la adoptamos —dije—. Veamos si esta otra ciencia, que se relaciona con aquélla, nos conviene o no.
—¿Cuál es? ¿Será la geometrÃa? —preguntó.
—La misma —dije yo.
—Es evidente que nos conviene, por lo menos en cuanto tiene relación con las operaciones de guerra; porque, en condiciones iguales, un geómetra podrá mejor que ningún otro acampar, tomar plazas fuertes, concentrar o desplegar un ejército, y hacer que ejecute todas las evoluciones que están en uso en una acción o en una marcha.
—A decir verdad —observé—, no se necesita mucha geometrÃa ni mucho cálculo para todo esto. Pero es preciso ver si la parte más elevada de esta ciencia tiende a hacer más fácil para el espÃritu la contemplación de la idea del bien, porque éste es, según dijimos, el resultado de las ciencias que obligan al alma a volverse hacia el lugar donde se encuentra este ser, que es el más dichoso de los seres, y que el alma debe esforzarse en contemplar en todos conceptos.
—Tienes razón —asintió.