La República
La República —Luego si la geometrÃa mueve al alma a contemplar la esencia de las cosas, nos conviene; si se detiene en la generación, no nos conviene.
—Asà hemos quedado.
—Pues bien, ninguno de los que tienen la más pequeña experiencia de geometrÃa nos negará que el objeto de esta ciencia es directamente contrario al lenguaje que usan los que la tratan —dije yo.
—¿Cómo? —dijo.
—En efecto, su lenguaje es ridÃculo y forzado. Hablan pomposamente de cuadrar, aplicar,[6] añadir, y asà de lo demás, como si ellos obrasen realmente, y como si todas sus demostraciones tendiesen a la práctica, siendo asà que esta ciencia, toda ella, no tiene otro objeto que el conocimiento.
—Desde luego —dijo.
—Has de convenir también en otra cosa.
—¿En qué?
—En que tiene por objeto el conocimiento de lo que existe siempre, y no de lo que nace y perece en algún momento.
—No tengo dificultad en convenir en ello —dijo—, porque la geometrÃa tiene por objeto el conocimiento de lo que existe siempre.