La República
La República —Aquà tienes, pues, mi querido Glaucón —dije—, el canto mismo que interpreta la dialéctica. Ésta, aun siendo inteligible, puede ser representada por el órgano de la vista que, según hemos demostrado, se eleva gradualmente del espectáculo de los animales al de los astros y, en fin, a la contemplación del mismo sol. Y asÃ, el que se dedica a la dialéctica, renunciando en absoluto al uso de los sentidos, se eleva, sólo mediante la razón, hasta lo que es cada cosa en sÃ, y si continúa sus indagaciones hasta que haya percibido mediante el pensamiento el bien en sÃ, ha llegado al término de los conocimientos inteligibles, asà como el que ve el sol ha llegado al término del conocimiento de las cosas visibles.
—Exactamente —dijo.
—Y ¿no es este viaje lo que tú llamas marcha dialéctica?
—¿Cómo no?