La República
La República —Porque olvido que todo esto no es más que un juego —dije— y hablo con demasiado calor. Lo que me ha irritado es que al echar una mirada a la filosofÃa y verla tratada con el mayor desprecio, no he podido contener mi indignación contra los que la ultrajan y he hablado con demasiada seriedad.
—Tu auditorio no advierte que te hayas excedido, por Zeus —dijo.
—No lo cree asà el orador —dije—. Pero sea de esto lo que quiera, no olvidemos que nuestra primera elección recaÃa sobre ancianos, y que aquà no estarÃa muy en su lugar, porque no hay que creer a Solón cuando dice que un anciano puede aprender muchas cosas;[14] más fácil serÃa para él correr. No; todos los grandes trabajos están reservados a la juventud.
—Por fuerza —dijo.
XVI.—Desde la edad más tierna es preciso destinar nuestros discÃpulos al estudio de los números, de la geometrÃa y demás ciencias que sirven de preparación a la dialéctica; pero es necesario desterrar de la enseñanza todo lo que sean trabas y coacciones.
—¿Por qué razón?