La República
La República —Tal sucede, en efecto.
—Por consiguiente —dije—, ¿cómo en un Estado de las condiciones del nuestro podrá darse un movimiento, Glaucón? ¿Por dónde la discordia, infiltrándose entre los auxiliares y los gobernantes enfrentará cada una de estas clases contra la otra y contra sà misma? ¿Quieres que, a imitación de Homero,[5] conjuremos a las musas para que nos expliquen el origen de la querella, y que las hagamos hablar en tono trágico y sublime, cuando lo que hacen es jugar y divertirse, tratándonos como niños?
—¿Cómo?