La República
La República —El mismo juicio formaremos de los apetitos sexuales y de todos los demás.
—Asà es.
—¿No hemos dicho, de aquel a quien hemos dado el nombre de zángano, que estaba dominado por los deseos superfluos, mientras que el hombre ahorrativo y oligárquico sólo es gobernado por los deseos necesarios?
—¿Cómo no?
XIII.—Expliquemos de nuevo cómo este hombre oligárquico se hace democrático; y he aquà de qué manera, a mi juicio, se verifica esto ordinariamente.
—¿Cómo?
—Cuando un joven mal educado, en la forma que hemos dicho, y alimentado en el amor al lucro, llega a gustar la miel de los zánganos, y a vivir en relación con estos insectos ávidos y hábiles para procurar toda clase de placeres, ¿no sufre entonces el gobierno interior de su alma un cambio, pasando de oligárquico que era a democrático?
—Es una necesidad inevitable —dijo.
—Asà como el Estado ha mudado de forma, porque una facción ha sido auxiliada por extranjeros que favorecÃan sus designios, del mismo modo, ¿no es una necesidad que este joven mude también de costumbres a causa del apoyo que sus pasiones encuentran en las pasiones ajenas de la misma naturaleza?
—Totalmente de acuerdo.