La República
La República —Después de haber creado este vacío en el alma del desgraciado joven y de haberlo purgado como a quien se inicia en los más grandes misterios, introducen en su alma, con numeroso acompañamiento, ricamente adornadas y con coronas sobre la cabeza, la insolencia, la anarquía, el desenfreno y la desvergüenza, de los que hacen mil elogios, encubriendo su fealdad con los nombres más preciosos: la insolencia, con el de buena educación; la anarquía, con el de libertad; el desenfreno, con el de magnificencia; la desvergüenza, con el de valor. ¿No es de esta manera —dije— como un joven, acostumbrado desde la infancia a no satisfacer otros deseos que los necesarios, pasa al estado de libertad, en el que se deja dominar por una infinidad de placeres superfluos y perniciosos?
—Esto es patente —dijo.