La República
La República XIV.—Ahora nos queda por examinar —dije yo— la forma más bella[16] de gobierno y el carácter más acabado; quiero decir, la tiranÃa y el tirano.
—De acuerdo por completo —dijo.
—Veamos, mi querido amigo, cómo se forma el gobierno tiránico; por lo pronto parece que debe su origen a la democracia.
—Es cierto.
—El paso de la democracia a la tiranÃa, ¿no se verifica poco más o menos lo mismo que el de la oligarquÃa al de la democracia?
—¿Cómo?
—Lo que en la oligarquÃa se considera como el mayor bien, y lo que puede decirse que es el origen de esta forma de gobierno, es la riqueza; ¿no es asÃ?
—SÃ.
—Lo que causa su ruina, sin embargo, ¿no es el deseo insaciable de enriquecerse, y la indiferencia que por esto mismo se siente por todo lo demás?
—Es verdad —dijo.
—Por la misma razón, para la democracia es la causa de su ruina el deseo insaciable de lo que mira como su verdadero bien.
—Y ¿qué es eso que define como tal?