La República
La República —Vive al dÃa. El primer deseo que se presenta es el primero que satisface. Hoy tiene deseo de embriagarse entre canciones báquicas y mañana ayunará y no beberá más que agua. Tan pronto se ejercita en la gimnasia como está ocioso y sin cuidarse de nada. Algunas veces es filósofo, las más es hombre de Estado; sube a la tribuna, habla y obra sin saber lo que dice ni lo que hace. Un dÃa envidia la condición de los guerreros y hele aquà convertido en guerrero; otro dÃa se convierte en negociante, por envidia de los negociantes. En una palabra, en su conducta no hay nada fijo, nada de arreglado; y llama a la vida que pasa, vida libre y agradable, vida dichosa.
—Nos has pintado al natural la vida de un amigo de la igualdad —dijo.
—Este hombre, que reúne en sà toda clase de costumbres y de caracteres, tiene toda la gracia y la variedad del Estado popular; y no es extraño que tantas personas de uno y otro sexo encuentren tan encantador un género de vida en el que aparecen unidas casi todas las clases de gobiernos y caracteres.
—Asà es —dijo.
—¿Pondremos, pues, frente a frente de la democracia a este hombre, que se puede con razón llamar democrático?
—Pongámoslo —dijo.