La República
La República —El mismo azote que ha perdido a la oligarquÃa —segu×, tomando nuevas fuerzas y nuevos crecimientos a causa de la licencia general, arrastra a la esclavitud al Estado democrático; porque puede decirse con verdad que no se puede incurrir en un exceso sin exponerse a caer en el exceso contrario. Esto mismo es lo que se observa en las estaciones, en las plantas, en nuestros cuerpos, y en los Estados lo mismo que en todas las demás cosas.
—Es natural —dijo.
—Por consiguiente, lo mismo con relación a un Estado que con relación a un simple particular, la libertad excesiva debe producir, tarde o temprano, una extrema servidumbre.
—Eso parece, sin duda.
—Por lo tanto —prosegu×, es natural que la tiranÃa tenga su origen en el gobierno popular; es decir, que a la libertad más completa y más ilimitada suceda el despotismo más absoluto y más intolerable.
—Está en el orden de las cosas —dijo.
—Pero no es esto lo que tú me preguntas, según creo —dije—. Quieres saber cuál es ese azote que, formado en la oligarquÃa y aumentado después en la democracia, acaba esclavizando a ésta.
—Tienes razón —dijo.