La República
La República —Todas estas operaciónes, ¿no son obra del elemento calculador de nuestra alma?
—Suya son.
—Pero cuando ese elemento ha medido bien una cosa, y ha reconocido que es más grande, más pequeña o igual, se dan entonces en nosotros dos apariencias opuestas, relativas a las mismas cosas.
—SÃ.
—¿Y no hemos dicho que era imposible que a la misma facultad se le mostrasen al mismo tiempo y sobre la misma cosa dos cosas opuestas?.[6]
—SÃ, y hemos tenido razón para decirlo.
—Por consiguiente, lo que juzga en nosotros sin consideración a la medida no es lo mismo que lo que juzga conforme a la medida.
—No, en modo alguno.
—Pero la facultad que se atiene a la medida y al cálculo es la parte mejor del alma.
—¿Cómo no?
—Luego la facultad opuesta es alguna de las cosas inferiores en nosotros.
—Es preciso que asà sea.