La RepĂşblica
La República SÓCRATES — GLAUCÓN — POLEMARCO — TRASÍMACO — ADIMANTO — CÉFALO — CLITOFONTE
I. SĂ“CRATES. —BajĂ© ayer al Pireo con GlaucĂłn,[2] hijo de AristĂłn, para dirigir mis oraciones a la diosa[3] y ver cĂłmo se verificaba la fiesta que por primera vez iba a celebrarse. La Pompa[4] de los habitantes del lugar me pareciĂł preciosa; pero a mi juicio, la de los tracios no se quedĂł atrás. Terminada nuestra plegaria, y vista la ceremonia, tomamos el camino de la ciudad. Polemarco, hijo de CĂ©falo, al vernos desde lejos, mandĂł al esclavo que le seguĂa que nos alcanzara y nos suplicara que le aguardásemos. El esclavo nos alcanzĂł y, tirándome por la capa, dijo:
—Polemarco os suplica que le esperéis.
Me volvĂ, y le preguntĂ© dĂłnde estaba su amo.
—Me sigue —respondio—; esperadle un momento.
—Le esperamos —dijo Glaucón.
Un poco despuĂ©s llegaron Polemarco y Adimanto,[5] hermano de GlaucĂłn; NicĂ©rato, hijo de Nicias[6] y algunos otros que volvĂan de la Pompa. Polemarco, al alcanzarnos, me dijo:
—Sócrates, me parece que os retiráis a la ciudad.
—No te equivocas —le respondĂ.
—¿Has reparado cuántos somos nosotros?
—¿Cómo no?