Las leyes
Las leyes ATENIENSE. —¿No es cierto que desde entonces se ha formado un número prodigioso de Estados, mientras que otros tantos han sido completamente destruidos? Y mientras subsistieron ¿no han cambiado muchas veces de gobierno? ¿No han tenido periodos de engrandecimiento y de decadencia? ¿Las costumbres no han pasado sucesivamente de la virtud al vicio y del vicio a la virtud?
CLINIAS. —Todo eso ha debido suceder necesariamente.
ATENIENSE. —Tratemos de descubrir, si es posible, la causa de todas estas vicisitudes; quizá ella nos patentice la formación y el desarrollo de los gobiernos.
CLINIAS. —Tienes razón; dinos lo que piensas sobre este punto, y por nuestra parte haremos un esfuerzo para seguirte.
ATENIENSE. —¿Dais crédito a lo que dicen las antiguas tradiciones?
CLINIAS. —¿Qué dicen?
ATENIENSE. —Que el género humano ha sido destruido muchas veces por diluvios, enfermedades y otros accidentes semejantes, de que sólo se pudieron salvar muy pocas personas.
CLINIAS. —Es muy probable.
ATENIENSE. —Representémonos alguna de estas catástrofes generales; por ejemplo, la causada antiguamente por un diluvio.
CLINIAS. —¿Qué idea deberemos formar de él?