Menón
Menón SÓCRATES. —Tampoco ignoras que los hizo tan buenos jinetes como los mejores de Atenas, y que les instruyó en la música, en la gimnasia y en todo lo perteneciente al arte, hasta el punto de que a nadie cedían en habilidad. ¿No quiso también hacerlos hombres virtuosos? Lo quiso, sin duda; pero al parecer esto no puede enseñarse. Y para que no te figures que esto solo ha sido imposible a un pequeño número de atenienses, y de los más oscuros, repara en que Tucídides educó igualmente a sus hijos, Melesías y Stéfanos: que los instruyó muy bien en todo lo demás; particularmente en la lucha, en la que eran más diestros que todos los atenienses. Confió el uno a Jantias, y el otro a Eudoro, que pasaban por los dos mejores luchadores de aquel tiempo. ¿No te acuerdas de esto?
ÁNITO. —Sí, por haberlo oído.