Menón
Menón SÓCRATES. —Por consiguiente, no fue a causa de su sabiduría, puesto que ellos mismos no eran sabios, que Temístocles y los otros citados antes por Ánito gobernaron los Estados; y por esta razón no han podido comunicar a los demás lo que eran ellos mismos, porque no eran tales por la ciencia.
MENÓN. —Parece que así ha debido ser.
SÓCRATES. —Si no es la ciencia, solo la conjetura verdadera puede ser la que dirige a los políticos en la buena administración de los Estados; y entonces, en razón de conocimientos, en nada se diferencian de los profetas y de los adivinos inspirados. En efecto, estos anuncian muchas cosas verdaderas, pero no saben ninguna de las cosas de que hablan.
MENÓN. —Es probable que así suceda.
SÓCRATES. —¿Pero no conviene, Menón, llamar adivinos a los que, estando desprovistos de inteligencia, consiguen el triunfo en las cosas grandes, que hacen o que dicen?
MENÓN. —Sin duda.