Parmenides
Parmenides SÓCRATES. —No lo hay.
PARMÉNIDES. —¿No es absolutamente necesario, que lo semejante participe de la misma idea de su semejante?
SÓCRATES. —Absolutamente.
PARMÉNIDES. —¿Y no es esta idea la que hace que los semejantes se hagan semejantes?
SÓCRATES. —Nada más cierto.
PARMÉNIDES. —Asà pues no es posible que una cosa se parezca a la idea, ni la idea a otra cosa. De otra manera, por encima de la idea, aparecerÃa otra idea; y si esta se parecÃa a alguna cosa, aún otra idea; y asà no se cesarÃa nunca de tener una nueva idea, si esta idea se parecÃa a aquello que participa de ella.
SÓCRATES. —Es la pura verdad.
PARMÉNIDES. —No es, por lo tanto, por medio de la semejanza, por la que las cosas participan de las ideas; y es preciso indagar otro modo de participación.
SÓCRATES. —Conforme.
PARMÉNIDES. —Ya ves, mi querido Sócrates, las dificultades que surgen, desde que se admiten las ideas como existentes por sà mismas.
SÓCRATES. —SÃ, verdaderamente.
PARMÉNIDES. —Es preciso que sepas que no has puesto, por decirlo asÃ, el dedo en la dificultad que hay en sentar y establecer que existe una idea distinta para cada uno de los seres.