Parmenides
Parmenides SÓCRATES. —¿Cómo?
PARMÉNIDES. —Entre otras muchas objeciones, yo escogà solo la principal. Al que intentara decir: es imposible conocer las ideas, si son tales como pretendéis, no habrÃa ningún medio de probarle que está en el error, de no tener mucha experiencia en estas materias, estar dotado de felices disposiciones por la naturaleza, y dispuesto a seguir hasta lo último al adversario en sus argumentos y demostraciones. Sin esto, no es posible convencer al que pretendiese que las ideas no son susceptibles de ser conocidas.
SÓCRATES. —¿Porqué, Parménides?
PARMÉNIDES. —Porque, mi querido Sócrates, imagino que tú y todo el que reconoce para cada cosa una esencia como existente en sà misma, convendréis, por lo pronto, en que ninguna de estas esencias existe en nosotros.
SÓCRATES. —¿Cómo, en efecto, podrÃa en este caso existir en sà misma?