Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Quizá en otro momento se hablará contra los placeres, mostrando en qué consiste la belleza y la dignidad de la continencia por sí misma, pero ahora el discurso se hace con vistas a muchos y grandes placeres. Las enfermedades no nos privan y nos estropean tantos negocios, proyectos, viajes y pasatiempos como placeres. Por este motivo, despreocuparse de la salud es lo menos provechoso a los que persiguen, sobre todo, el placer. En efecto, a muchos las enfermedades no les impiden dedicarse a la filosofía, ocuparse de los negocios, dirigir un ejército e, incluso, por Zeus, gobernar un país; en cambio, los placeres y algunos goces del cuerpo no surgen en absoluto con la enfermedad, Cy los que surgen tienen una duración muy breve y no pura, sino mezclada con muchas afecciones extrañas y marcadas como por el oleaje y la tempestad. Ya que no reside «en los estómagos llenos el Amor[313]», sino más bien en la serenidad y la calma de la carne, y el Amor tiene su fin en el placer, así como la comida y la bebida. En cambio, la salud proporciona a los placeres como un mar en calma a los alciones[314], una existencia y un nacimiento seguros y tranquilos. Por esto parece que Pródico dijo también muy agudamente que la mejor de las especias es el fuego[315], Dpero se podría decir con más razón que la salud es la especia más divina y agradable, ya que los alimentos hervidos, asados y cocidos no proporcionan placer ni favor alguno a las personas enfermas, beodas o mareadas, mientras que un apetito limpio e incólume hace que a un cuerpo sano todo alimento le sea suave y «muy deseado», como dice Homero[316], y provechoso.