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Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Pues resulta extraño que aguardemos muy atentos los graznidos de los cuervos, los cantos de los gallos y «los cerdos enloquecidos entre los desperdicios[336]», como dice Demócrito[337], para sacar de ellos pronósticos de vientos y de lluvias, y, en cambio, no saquemos ningún pronóstico ni hagamos caso a las sacudidas, temblores y síntomas de nuestro cuerpo, ni los consideremos como presagios de una tempestad que ha de venir y que se producirá en uno mismo. Por todo esto no sólo conviene vigilar si, en la comida y en los ejercicios gimnásticos, el cuerpo hace uso Bde ellos contra lo que es su costumbre, perezosamente y sin gana, o si, por otra parte, se muestra sediento y hambriento más de lo corriente, sino también es preciso observar si el sueño es continuo y sosegado o, por el contrario, intermitente y agitado y, por Zeus, los desvaríos de los sueños que, si no son legítimas y acostumbradas las visiones, acusan la abundancia y la impureza de los humores o la perturbación interior del espíritu. Los movimientos del alma indican también que el cuerpo está en peligro de caer en una enfermedad, ya que con frecuencia se apoderan de nosotros unos desánimos y temores irracionales Cque, sin motivo por el que tengamos que sentir temor y súbitamente, apagan nuestras esperanzas. También en nuestro carácter nos volvemos irascibles, irritables, nos molestamos por bagatelas, lloramos con facilidad y nos angustiamos, cuando malos vapores y exhalaciones amargas se juntan y se unen «a las rotaciones del alma», como dice Platón[338]. Por ello es necesario observar a los que les suceden estas cosas y pensar [si no es nada espiritual] que es una causa corporal que necesita restricción o limpieza.