Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II En efecto, la salud no se compra con el ocio e inactividad[378], que son los mayores males que se añaden a las enfermedades, y el hombre que piensa conservar su salud con la inutilidad y el reposo en nada se diferencia del que guarda sus ojos no viendo y su voz no hablando, ya que a nada mejor se podría dedicar uno a sí mismo, estando sano, que a muchas y humanas actividades. En modo alCguno se puede pensar que el ocio es sano, si destruye el objeto de la salud, y no es cierto que estén más sanos los que llevan una vida tranquila, ya que ni Jenócrates[379] gozó de más salud que Foción[380], ni Teofrasto[381] que Demetrio[382], y nada le sirvió a Epicuro[383] y a sus seguidores, para la tan alabada buena disposición de su cuerpo, el rechazo de toda actividad que proporcionara honra, sino que se ha de conservar para el cuerpo su capacidad natural con otros cuidados, pues cada vida admite tanto la enfermedad como la salud.