Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II DSin embargo, también a los políticos, decía[384], se les ha de aconsejar lo contrarío a lo que aconsejaba a los jóvenes Platón[385]. Éste solía decir, cuando dejaba la escuela: «Ea, muchachos, que empleéis vuestro ocio en algo bello». Nosotros, en cambio, deberíamos aconsejar a los que se dedican a la política que dirijan sus esfuerzos a cosas bellas y necesarias, sin fatigar su cuerpo con nimiedades e insignificancias, pues hay muchos que sufren con cualquier acontecimiento, atormentándose a sí mismos con insomnios, extravíos y viajes por ningún motivo útil ni agradable, sino ofendiendo a los demás, odiándolos, disputando o persiEguiendo honras inútiles y vacías. A éstos, creo yo, sobre todo, se dirige Demócrito[386], cuando decía que si el cuerpo promoviese un juicio contra el alma por sus malos tratos, ésta sería condenada, pues quizá había algo de verdad cuando Teofrasto decía en lenguaje metafórico que el alma paga caro alquiler al cuerpo. Sin embargo, el cuerpo recibe muchos daños del alma, ya que ésta no lo emplea de una manera racional, ni lo cuida como conviene. Así, cuando ella está ocupada con sus pasiones, disputas y cuidados, no se cuida de su cuerpo[387]. Ciertamente yo no sé qué le pasaba a Jasón[388] cuando decía «que es necesario obrar con injusticia en las cosas pequeñas para poder obrar con justicia en las cosas grandes», pero nosotros podríamos Faconsejar con toda razón a un político que sea negligente, que se relaje y descanse en aquellas cosas, si no desea tener el cuerpo cansado, embotado y desfallecido para los asuntos grandes e importantes, sino guardado con la tranquili136Adad, como un barco en el dique, para que, de nuevo, cuando el alma lo empuje a acciones útiles la