Notice: Undefined index: userid in /home/c2380538/public_html/leerlibro.php on line 176 Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/c2380538/public_html/leerlibro.php:176) in /home/c2380538/public_html/leerlibro.php on line 183
Notice: Undefined index: user_paid in /home/c2380538/public_html/funciones.php on line 2018 Notice: Undefined index: user_paid in /home/c2380538/public_html/funciones.php on line 2018
Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Por ello, cuando las circunstancias lo permitan, nos debemos reponer, sin privar al cuerpo del sueño, de la comida y del descanso, guardando el término medio entre el placer y el sufrimiento, pues la mayoría sin guardarlo agota su cuerpo con los cambios, como al hierro ardiente metido en el agua al ser templado: cuando el cuerpo ha sido forzado y abrumado con trabajos, de nuevo es agotado y deshecho sin medida con placeres y, después, otra vez, Bcuando está relajado y debilitado por los placeres del amor y del vino, se ve empujado al ágora[390], a la corte o a cualquier otra actividad que requiere trabajo vivo y firme. Heráclito, por sufrir de hidropesía, ordenaba que su médico transformase la abundante humedad en sequedad[391]. La mayoría de la gente comete un grave error porque, cuando se ven atacados de fatigas, trabajos y privaciones, se agotan y gastan sus cuerpos entregándolos sobre todo a los placeres y luego, después de los placeres, los doblegan y los atan cortos, por así decirlo. La naturaleza ni pide una compensación tal del cuerpo, sino que la parte licenciosa Cy baja del alma, saltando con violencia, como los marineros, de los trabajos a los placeres y a los deleites y, de nuevo, después de los placeres lanzándose a las ocupaciones y los negocios, no deja que la naturaleza recupere la compostura y la tranquilidad que ella necesita sobre todo, sino que la somete a cambios y la trastorna con sus irregularidades. Mas las personas razonables no ofrecen en modo alguno placeres a su cuerpo cuando está cansado, pues no los necesitan en absoluto, ni se acuerdan de tales cosas, por tener su pensamiento puesto en la hermosura de su trabajo y en la alegría y actividad de su alma, haciendo Ddesaparecer completamente los otros deseos. Así se cuenta que Epaminondas dijo en broma de un hombre valiente que había muerto de una enfermedad en tiempos de la batalla de Leuctra[392]. «¡Por Heracles! ¿Cómo tuvo tiempo el hombre de morirse en medio de tan grandes acontecimientos?». De un hombre que se ocupe de alguna actividad política o de alguna meditación filosófica se puede decir también esto: ¿Cómo tiene este hombre tiempo ahora para una indigestión, una borrachera o para el libertinaje? Pero cuando, después de sus ocupaciones, se hallan de nuevo tranquilos, recomponen y hacen descansar al cuerpo, guardándose y evitando los trabajos inútiles y, aún más, los placeres innecesarios, en la idea de que son enemigos de la naturaleza.