Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Los hombres ricos y los reyes, si honran a los filósofos, se adornan a sí mismos y a los filósofos; pero éstos, halagando a los ricos, no los hacen ilustres, sino que se hacen a sí mismos más despreciables. Esto sucede también en relación con las mujeres. Si se someten a sus maridos, son Ealabadas, en cambio, si quieren gobernarlos, caen en la ignominia más que los que son gobernados. Es justo, pues, que el hombre gobierne a la mujer, no como un señor sobre sus posesiones, sino como el alma al cuerpo, compartiendo sus sentimientos y uniéndose a ella con afecto. Porque, así como es preciso cuidar del cuerpo sin ser esclavos de sus placeres y deseos, así se debe mandar en la mujer, halagándola y agradándola.