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Obras Morales y de Costumbres II

Obras Morales y de Costumbres II

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Periandro había dispuesto la recepción no en la ciuDdad[521], sino en un lugar apropiado para celebrar banquetes[522] en los alrededores del Lequeón[523], junto al templo de Afrodita[524], en cuyo honor se celebraba también la fiesta sacrificial. Pues Periandro, tras sus relaciones incestuosas con su madre[525], que habían impulsado a ésta al suicidio, no había ofrecido sacrificios a Afrodita. A causa de unos sueños de Melisa[526], se decidió entonces por primera vez a dar culto a la diosa. A cada uno de los invitados les había sido enviado un carruaje tirado por dos caballos, lujosamente adornado, pues era verano y el polvo y el alboroto invadían todo el camino hasta el mar a causa de la multitud de carros y de gente. Sin embargo, Tales, al ver ante su puerta el carruaje, sonriéndose lo despidió. Por tanto, fuimos caminando tranquilamente, apartándonos del camino, a través de los campos, y con nosotros se vino una tercera persona, Nilóxeno de Náucratis[527], hombre ilustre, que Ehabía tenido relación, ya en Egipto, con Solón y con Tales. Daba la casualidad de que había sido enviado de nuevo junto a Bías; sin embargo, el porqué ni siquiera él mismo lo sabía, aun cuando sospechaba que le traía un segundo problema en un escrito cerrado. Además se le había dicho que, si Bías renunciaba a responder, mostrara el escrito a los más sabios de entre los griegos. «Ha sido un feliz encuentro[528] para mí —dijo Nilóxeno— el coincicir aquí con todos vosotros, y, como ves, traigo el escrito al banquete». Al mismo tiempo nos lo mostraba. Tales, echándose a reír, dijo: «Si es algo difícil, marcha de nuevo a Priene[529]. Pues Bías resolverá el problema del mismo modo que resolvió el primero». «¿Cuál fue —pregunté yo— el primero?». «El Frey[530] —dijo— le envió un animal para el sacrificio, pidiéndole que, después de cortarle el trozo de carne más dañino y más beneficioso, se lo enviara de nuevo. Y nuestro amigo, con gran acierto, después de cortarle la lengua, se la envió[531]; por lo que es evidente que se ganó fama 147Ay admiración». «No por estas cosas sólo —dijo Nilóxeno—, sino también porque no evita, como vosotros, el ser amigo de reyes y que se diga que lo es[532]. También a ti te admira[533] por otras cosas, pero sobre todo se sintió profundamente complacido con tu manera de medir la pirámide[534], ya que sin ningún trabajo y sin utilizar instrumento alguno, sino colocando de pie un bastón en el límite de la sombra que proyectaba la pirámide, habiéndose formado dos triángulos con la intersección de los rayos del sol, demostraste que la sombra guardaba con la otra sombra la misma relación que la pirámide con el bastón[535]. Pero, como Bte decía antes, se te acusa de odiar a los reyes y algunas de tus afirmaciones insolentes sobre los tiranos han llegado hasta sus oídos, como cuando, al ser preguntado por el jonio Molpágoras[536] cuál era la cosa más extraordinaria que habías contemplado, respondiste: ‘Un tirano viejo’[537], y en otra ocasión, en un banquete, al surgir una conversación sobre los animales, dijiste que el tirano era el peor de los animales salvajes, y el adulador, el de los domésticos[538]. Tales afirmaciones, en efecto, aunque los reyes pretenden ser muy diferentes de los tiranos, no las escuchan con agrado». «Sin embargo, eso —dijo Tales— es de Pitaco[539], que se lo dijo en broma, en cierta ocasión, a Mírsilo[540]. Yo, en cambio —agregó—, me asombraría, no de ver a un tirano, sino a un timonel que haya llegado a viejo».


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