Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II «En relación con este cambio, me ha sucedido a mà Clo mismo que a aquel joven que, estando lanzando piedras contra un perro y habiéndole dado a su suegra, exclamó: ‘Tampoco asà está mal’[541]. Por eso, también juzgué muy sabio a Solón, por no haber aceptado ser tirano[542]. Y este Pitaco, si no hubiera sido rey, no hubiera dicho que: ‘es difÃcil ser honrado’[543]. Periandro, parece que, a pesar de haberse visto atrapado en la tiranÃa como en un mal paterno[544], no se comportó de una manera vil, gracias a las sanas compañÃas que ha tenido, al menos hasta el momento presente[545], y por haber logrado mantener relaciones con hombres inteligentes, rechazando, en cambio, el acabar con aquellos que le aventajaban, como aconsejaba mi compatriota TrasÃbulo[546]. Un tirano que prefiera gobernar a esclavos más que a hombres libres en nada se diferencia de un agricultor que prefiera recolectar cizaña y pájaros[547] en Dlugar de trigo y cebada. En efecto, a cambio de muchos males, sólo una cosa buena tiene el poder, el honor y la gloria si los gobernantes gobiernan a hombres buenos, siendo mejores que ellos, y entre los grandes parecen ser ellos más grandes. Es preciso que los que prefieren la tranquilidad sin gloria gobiernen sobre rebaños de corderos, caballos y bueyes, pero no a hombres. Pero este extranjero —continuó— nos ha llevado a una conversación que no nos interesa nada, mientras hemos descuidado decir y buscar algo que sea apropiado a personas que se dirigen a un banquete. En efecto, ¿no crees que asà como existe una preparación del que invita a comer, también la hay del Eque va a ir a comer[548]?. Los sibaritas[549] hacÃan, al parecer, las invitaciones a las mujeres con un año de antelación, a fin de que tuvieran tiempo de preparar sus vestidos y adornos para ir al banquete[550]. Pero yo creo que la adecuada preparación del que quiere tomar parte debidamente en un banquete requiere más tiempo, puesto que es más difÃcil encontrar el adorno conveniente al carácter, que el adorno superfluo e inútil para el cuerpo. Efectivamente, un hombre inteligente no va a un banquete encaminándose hacia allà como si fuera un vaso vacÃo dispuesto a ser llenado, sino que va para hablar en serio o en broma, para escuchar y decir aquellas cosas que la ocasión exige a lps asistentes, si es que ellos quieren encontrarse a gusto junFtos[551]. Sin duda un plato poco apetitoso[552] puede ser rechazado, y si el vino es de mala calidad, se puede recurrir al agua, pero un comensal que produce dolor de cabeza, que es pesado y grosero, es capaz de destruir y estropear el placer de cualquier vino, de cualquier clase de comida y de cualquier mujer cantante[553], y ni siquiera es posible vo148Amitar tal desagrado, sino que para algunas personas la mutua antipatÃa puede durar toda la vida y quedar como un mal sabor de boca, cuando la insolencia o el enfado han surgido por causa del vino.