Obras Morales y de Costumbres II

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Después de esto, acercándose un sirviente nos dijo: «Periandro te ruega a ti y también a Tales que, tomando a ese amigo vuestro[563], examinéis algo que acaban de traerle por ver si su nacimiento ha sido en vano o es un presagio y un prodigio. Él, en verdad, parece estar muy aturdido, ya que piensa que es una impureza y una infamia para su fiesta». Y, al mismo tiempo, nos conducía hacia un edificio de los que rodeaban el jardín. Allí, un joven, un pastor por las apariencias, todavía imberbe, pero de aspecto distinguido, abriendo su zurrón, nos enseñó una criatura nacida, según él, de una yegua. En la parte de arriba, hasta el cuello y los brazos, era de forma humana, y el Dresto del cuerpo el de un caballo, llorando con una voz parecida a la de los niños recién nacidos. Entonces, Nilóxeno volvió la mirada exclamando: «¡Dios nos valga[564]!». Tales contempló al joven durante largo tiempo, y después, sonriéndose (siempre acostumbraba a gastarme bromas a causa de mi profesión), me dijo: «Sin duda, Diocles, estás pensando organizar los ritos de purificación y dar ocupación a los dioses que preservan de los males, como si hubiera ocurrido algo terrible e importante». «¿Y por qué no? —le contesté—. En verdad se trata de un presagio de querella y discordia, y temo que alcance al matrimonio y a la descendencia[565], pues la diosa, antes de que se le haya podido aplacar la primera ofensa contra ella, nos la ha mostrado, como ves, por segunda vez». Sin dar ninguna resEpuesta, Tales se marchó riéndose. Al salimos al encuentro en la puerta Periandro y preguntarnos por lo que habíamos visto, Tales, dejándome y cogiéndolo de la mano, dijo: «Lo que ordena Diocles lo harás cuando tengas tiempo, pero mi consejo es que o no emplees a hombres tan jóvenes para guardar tus caballos, o proporciónales mujeres». Me pareció que Periandro, al escuchar sus palabras, disfrutó mucho, pues se echó a reír y, cogiendo a Tales entre sus brazos, lo abrazó cordialmente. Y aquél dijo: «Creo, Diocles, que el presagio se ha cumplido, pues ya Fves qué desgracia nos ha sucedido: Alexídemo no quiere comer con nosotros».


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