Obras Morales y de Costumbres II

Obras Morales y de Costumbres II

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Cuando ya estábamos cerca de la sala del banquete, nos encontramos a Alexídemo[559] el milesio (era hijo natural del tirano Trasíbulo). Salía en un estado de gran agitación y hablando con gesto airado consigo mismo, sin que pudiéramos entender lo que decía. Cuando vio a Tales, reponiéndose un poco y recobrando la calma, dijo: «¡Qué injuria ha cometido Periandro contra nosotros[560]! FPues no me permitió embarcarme, cuando estaba a punto de hacerlo, pidiéndome que me quedara para el banquete; pero, cuando llegué, me asignó un lugar deshonroso, prefiriendo a eolios e insulares (¿y a quiénes no?) antes que a Trasíbulo, pues es evidente que ha querido insultar y humillar en mi persona a Trasíbulo, que ha sido el que 149Ame ha enviado, para mostrar su desdén hacia él». «Entonces —dijo Tales—, ¿así como los egipcios dicen que los astros[561] según ocupen un lugar muy alto o uno muy bajo en sus revoluciones se hacen mejores o peores de lo que ellos eran antes, del mismo modo tú también temes que el obscurecimiento o una situación de inferioridad se producirán a causa del lugar que te asignaron? También tú serás peor que aquel lacedemonio[562] que, colocado por el director en el último lugar del coro, dijo: ‘Muy bien, has encontrado cómo convertir este lugar en un sitio honroso’. Cuando ocupamos un sitio —continuó Tales— no debemos fijarnos detrás de quiénes estamos sentado, sino cómo podemos compenetrarnos con los que están sentados a nuestro lado, buscando o, más bien, encontrando en seguida en nosotros mismos un comienzo y una coyuntura para la amistad: el no mostrarnos disconformes, sino manifesBtar satisfacción por estar sentados junto a personas como éstas, pues quien se queja del lugar que le ha sido adjudicado, se queja más del compañero de mesa que del que lo ha invitado, y se enemista con ambos». «Eso son palabras —dijo Alexídemo— y nada más que palabras. En realidad, observo que también vosotros, los sabios, buscáis el ser honrados», y, pasando delante de nosotros, se marchó. Entonces, Tales, dirigiéndose a nosotros que estábamos admirados de la conducta extraña de aquel hombre, nos dijo: «Es un raro y un extravagante por naturaleza, ya que, cuando todavía era un adolescente, un perfume muy caro que le habían llevado a Trasíbulo, echándolo en un gran recipiente y mezclándolo además con vino, se lo bebió todo, ganándose el odio en lugar de la amistad de Trasíbulo».C


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