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Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Así pues, después que Quilón dijera que era justo que Solón comenzara la disertación, no sólo porque aventajaba a todos por la edad[595] y estaba casualmente sentado el primero, sino porque ejercía el poder más elevado y perfecto por haberles dado a los atenienses sus leyes, FNilóxeno quedamente me dijo: «Diocles, es frecuente que relatos completamente falsos sean creídos, y el pueblo se alegra inventando él mismo historias desagradables sobre los sabios y recibiéndolas de buena gana de otros. Así, por ejemplo, nos llegó a nosotros a Egipto la noticia de que Quilón había roto su amistad y hospitalidad con So152Alón, porque Solón había dicho que las leyes son cambiables». Yo le contesté: «Esa historia es ridícula, ya que, entonces, sería necesario rechazar en primer lugar a Licurgo y sus leyes, por haber cambiado toda la constitución de los lacedemonios[596]». En ese momento, Solón, tras una breve pausa, dijo: «A mí me parece que un rey y un tirano serían, sobre todo, famosos si establecieran para sus ciudadanos una democracia en sustitución de una monarquía». Y Bías, en segundo lugar dijo: «Si adaptara su conducta a las leyes de su patria». Y, a continuación, Tales dijo que él pensaba que la felicidad de un gobernante residía en esto, en morir anciano de muerte natural. En cuarto lugar, Anacarsis dijo: «Si no fuera el único sabio». El quinto, Cleobulo: «Si no confiaba en ninguno de los Bque le rodeasen», y, en sexto lugar, Pitaco: «Si el gobernante conseguía que sus súbditos sintiesen miedo no de él, sino por él[597]». Después de éste, Quilón dijo que el gobernante no debe tener pensamientos mortales, sino todos inmortales[598]. Tras haber sido expuestas estas opiniones, le pedimos nosotros a Periandro que también él dijera algo[599]. Y él, algo disgustado y frunciendo el ceño, dijo: «En verdad yo encuentro que casi todas las opiniones expuestas apartan al hombre sensato del gobierno». Y Esopo, como en tono de reproche, dijo: «Deberíais, realmente, cumplir estas cosas en vosotros mismos y no convertiros, mientras decís que sois consejeros y amigos, en censores Cde los gobernantes». Solón, tocándole la cabeza con la mano y sonriendo, le preguntó: «¿No te parece que uno haría al gobernante más moderado y al tirano más razonable si les convenciera de que es mejor no gobernar que gobernar?».