Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II »Ciertamente serÃa terrible, amigo mÃo, también el hecho de que la agricultura, destruida juntamente con ella, nos dejase de nuevo la tierra fea y sucia, llena de bosque estéril y de rÃos conducidos desordenadamente a causa de la inactividad del hombre. Desaparecerán juntamente con la agricultura todas las artes y los oficios, de los cuales es la iniciadora y la que proporciona a todos las bases y la materia, y no serán nada si ésta desaparece. Y se acabarán también las honras a los dioses, ya que los hombres se sentirán poco agradecidos hacia el Sol y aún menos hacia la Luna, si sólo es por su luz y su calor. ¿Dónde habrá un altar, dónde un sacrificio a Zeus, que envÃa la lluvia, a Démeter, que protege la labranza y a Posidón Nutricio? ¿Y cómo Dioniso será el Dispensador de favoEres, si no tenemos necesidad de ninguno de los que proporciona? ¿Qué sacrificios haremos o cuál será nuestra libación? ¿Qué primicias ofreceremos? Todo esto traerá la desaparición y la confusión de nuestros actos más importantes. Perseguir toda clase de placeres es tan completamente irracional como es totalmente estúpido huir de ellos. En efecto, el alma debe buscar otra clase de placeres más elevados, y para el cuerpo no hay otro placer más conveniente que el que procede de ser alimentado, lo cual ningún hombre ignora. Pues, sacándolo a la luz pública, todos los hombres participan unos con otros de las cenas y de la mesa, en cambio a los placeres de Afrodita se Ies pone Fdelante la noche y la profunda obscuridad, creyendo que participar de éstos abiertamente es vergonzoso y bestial[682], como el no participar de ellos»***[683]. Cuando Cleodoro dejó de hablar, contestándole dijo[684]: «No dices aquello de que también suprimimos el sueño, si eliminamos la co159Amida. Si no hay sueño, tampoco habrá sueños y se desvanecerá nuestra más antigua forma de adivinación. La vida será monótona y, en cierto modo, el cuerpo rodeará en vano al alma, pues la mayorÃa y las más importantes partes del cuerpo: lengua, dientes, estómago e hÃgado, proporcionan instrumentos para la nutrición. Ninguno, en efecto, es inactivo ni está ordenado a satisfacer ninguna otra necesidad, de tal forma que el que no necesita alimento tampoco necesita el cuerpo y esto serÃa lo mismo que no tener necesidad de sà mismo. Pues cada uno de nosotros vive con su cuerpo». «Nosotros, por tanto —dije yo—, hacemos estas contribuciones a la defensa del estómago, y si Solón o algún otro tiene algo por lo que criticarlas, lo escucharemos».